Capítulo VI

 

 

CAPÍTULO VI: de vuelta a casa

 

 

I

 

-¿Estáis seguro de esto, padre?

-Querido Macius, no me queda nada que demostrar. Conquisté Roma dos veces, como gladiador y como lanista. No tengo nada más que hacer aquí.

-Pero la ludus…

-La ludus está en buenas manos. Mis hombres te respetan tanto como a mí. Has crecido con ellos y sin tu entusiasmo y tu dedicación nada de esto habría sido posible. Tú me diste un nuevo sueño y juntos lo hicimos realidad. Todo cuanto tengo te pertenece tanto como a mí, así que tuyo es. Además, no estarás sólo. Aquilio te cubrirá las espaldas, ¿no es así, Aquilio?

-Lo que sea por un amigo.

-Alegrad esas caras. No me estoy muriendo, sólo me retiro.

-Pero Menes, ¿por qué no quedarse aquí, en el corazón del mundo? Aún hay muchas cosas que podrías hacer. Con tu reputación y tu fortuna…

-No insistas Aquilio, mi mente está resuelta. Además, la política no es para mí y la vida en la ciudad me resulta bulliciosa en exceso. Me sorprende decir esto pero añoro un poco de calma en mi vida. Por eso pienso retornar a Augusta Emerita. El aire allí es puro y el clima amable.

-Pero padre, erais desdichado allí.

-No Macius, no era desdichado, ni mucho menos. Bien podría haber vivido otros tantos años iguales a los diez primeros. Es fácil acostumbrarse a la comodidad y a mi edad, es algo que incluso anhelo. No obstante, doy gracias a los dioses por haberte puesto en mi camino. Estos últimos veinte años valen más en mi corazón que todos los vividos antes, más incluso que mis años de juventud, pues entonces conquisté la fama sólo para mí. Contigo a mi lado conquisté algo mucho más importante, y no sólo para mí, sino para vosotros también. Éste es mi legado y ahora es también tu camino. Así que por favor, déjame marchar. Despídeme de mis nietos por mí, hazme el favor.

-Lo haré, padre.

-Y a los dos os digo, venid a visitarme cuando vuestros deberes os lo permitan. Estaré esperando. Hasta pronto.

 

 

II

 

Augusta Emerita te saluda desde el horizonte. Mientras te adentras en sus calles te das cuenta de que, aunque aparentemente nada ha cambiado, de algún modo todo parece diferente. Después de todo, mucho ha llovido en veinte años.

 

Estás deseando llegar a tu nueva domus; el viaje te ha dejado agotado. Allí te esperan sirvientes con un festín de bienvenida para ti y tus acompañantes, unos pocos hombres de confianza que te han protegido durante la travesía y que se quedarán un tiempo contigo, hasta que te acomodes y el polvo que levante tu llegada se asiente de nuevo. Después, un baño en tus termas será el broche de oro de un largo día. Sin embargo, el destino aún te tiene reservada una última sorpresa. La comitiva que aguarda a tu puerta no es especialmente amigable. Al frente, un cara conocida, más arrugada, más canosa pero igualmente deleznable. La olvidaste una vez, pero nunca más.

-Si hubieras aparecido así ante mí hace diez años, después de lo que sucedió en Viminacium, ni el rayo de Jove hubiera bastado para salvarte de mi ira, Curio. Tienes suerte que quien está ante ti ahora ya haya apagado su fuego belicoso. Marcha en paz, y déjame con mis asuntos. El viaje ha sido largo y quiero descansar.

-Nada más lejos de mi intención que importunaros, noble señor –su voz, tan desagradable como la recuerdas, no pretende ni disimular su desdén. Tuerces el gesto ante la burla, pero decides, de acuerdo a tu experiencia previa, ignorarle. Nada bueno trae tratar con Curio.-Sólo venía a daros la bienvenida de nuevo a Augusta Emerita. Vuestras hazañas son de sobra conocidas pero, ¿no querríais saber qué fue de este humilde lanista luego de nuestro último encuentro?

Respiras profundamente, tratando de contener tu enfado. La paciencia que los años te han concedido, este viejo mezquino es capaz de arrebatártela en poco más de un minuto con su sola presencia. Que hable entonces, y que tal como ha venido se vaya después.

-Cuéntame, pero haz breve tu relato.

-Oh, no diré más palabras que las justas, creedme. Imagino que vuestra portentosa inteligencia ya habrá adivinado quiénes y con qué intención andaban detrás de nuestra confrontación, así ahorraré los detalles. Sin embargo, no todo lo que allí aconteció fue fruto del engaño. Aquí en Emerita triunfaba un nombre antes que el vuestro, y ese nombre era el de Curio. Menes el Egipcio utilizó su influencia para cosechar fama y fortuna y el pobre Curio pagó las consecuencias.

Tu paciencia se agota. Avanzas amenazante hacia él, pero un instante tú y tus hombres os encontráis rodeados y superados en número.

-Así que al fin muestras tus intenciones, Curio. Muestra también tu verdadera cara. Déjate de teatro y dime qué quieres de mí.

-Quiero que desaparezcas, que vuelvas por donde has venido. Muchas cosas han pasado desde que dejaste esta ciudad. Con tu atención puesta en otros lugares pude recuperar mi antigua posición. Tu nombre ya no significa nada aquí, y no quedan amigos que te recuerden. No obstante mi honor aún ha de ser restaurado.

-Hablas de honor como si supieras lo que es.

-Como sea. Dos veces nos hemos enfrentado. Dos veces me has humillado. Entonces, otros poderes conjuraban contra mí. Pero ahora no será así. El nuevo edil come más de mi bolsillo que de las arcas de Roma. Le he convencido para que celebre unos juegos en honor al difunto emperador Trajano. Te exijo que tus hombres se enfrenten de nuevo contra los míos, esta vez sin el Estado de tu parte. Sólo así me daré por satisfecho.

-Curio, por más que me desagrades tus ofensas ya no me alcanzan. He dejado el pasado en el pasado, donde pertenece, y te sugiero que hagas lo mismo y olvides tus rencores, pues sólo te acarrearán desgracias. En cuanto a lo que me propones, ni estoy dispuesto a hacerlo ni estás en condiciones de exigirme nada.

En ese momento uno de tus asaltantes se aleja del grupo y desaparece tan sólo para reaparecer al poco tiempo con una antorcha en la mano. Sin mediar palabra se adentra en tu domus y aguarda.

-No tienes alternativa- prosigue Curio-. Una palabra mía y tu domus arderá. Has venido a Emerita buscando paz, y eso es algo que no te dejaré tener mientras no accedas a mis términos.

-Entiendo. Está bien, habrá juegos. Pero ya que tú exiges, yo exigiré también una condición. Si yo salgo perdiendo, renunciaré a mi ansiado retiro en la ciudad que añoro y me marcharé de aquí. En cambio, si resulto victorioso, tú y tu pandilla de matones que insultan a los gladiadores apropiándose de su nombre abandonaréis esta ciudad para siempre y no volveréis a molestarme con vuestra presencia.

-¿Aceptas entonces?

-Acepto

-¡Júralo!

-Por el mismo Hércules.

 

 

Escenario

 

Como un círculo, en el final se repite el principio. Ya no es tu honor el que está en juego, sino tu bien ganado descanso en la ciudad que te vio prosperar. Quizás, incluso, tu vida. Cuídate del temible Rudiarius, pues desconoce la clemencia.

 

Prepara la partida

•CASULA, CASTRA, CAUPONA (2X), COMMEATUS (2X), LAPICIDINAE, MACELLUM (2X), OFFICINA, THERMAE (2X)

•CRETENSIS, GALLUS (2X), HISPANUS, MACEDONICUS (2X), NUBA (2X), PHOENICIUS, THRAEX (2X), RUDIARIUS, TIRO (ilimitados)

 

Jugador

•CASULA, THERMAE

•TIRO (2X)

•4 MONEDAS (3 de inicio + 1 de las THERMAE)

 

Rival

•CAUPONA, CASTRA

•NUBA, RUDIARIUS

•3 MONEDAS

 

Notas

•Límite de edificios: 4

•Antes de comenzar la partida puedes pagar 1 TRIUNFO para recuperar cada uno de los gladiadores licenciados en el escenario anterior. Estos gladiadores son adicionales a los novatos (TIRO) o los veteranos que los sustituyan.

 

Rival

•Si tiene menos de 4 edificios, entonces construye 1 edificio (que pueda construir) al azar (excepto CATACUMBAE).

•Si tiene 3 o más monedas, ataca (i) con su RUDIARIUS y (ii) con sus mejores veteranos (nunca con sus novatos).

•Si tiene menos de 3 monedas, consigue dinero con su mejor gladiador.

•Si tiene 2 o más monedas tras agotar sus gladiadores, inicia una compra.

 

Final de la Partida (7 PUNTOS)

•Ganas 2 TRIUNFOS por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido.

•Ganas 2 TRIUNFOS si consigues descartar el RUDIARIUS de tu rival (retíralo del juego).

•Ganas 1 TRIUNFO si construyes la OFFICINA.

•Pierdes 1 TRIUNFO por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido por tu rival.

 

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