Capítulo V

 

 

CAPÍTULO V: Roma, ciudad eterna

 

 

I

 

En la solitud del templo reposas apacible. Frente a ti, la colosal estatua de Júpiter Capitolino te observa desde toda su altura, empequeñeciéndote con su severa mirada. De vez en cuando, un sacerdote del templo interrumpe tu diálogo sin palabras con el padre de dioses y hombres. Has acudido porque una inquietud ha anidado en tu corazón, un desasosiego que nubla tu resolución. Juno y Minerva, expectantes en salas contiguas, aguardan. Años de viajes y penurias, satisfacciones y desilusiones te han llevado de vuelta a Roma, el lugar al que perteneces. Pero una vez aquí no lo sientes como un logro. Todo lo que ha quedado atrás no parece más que el prólogo de una historia que comienza ahora. Sientes que el futuro que te aguarda está posado sobre una delgada rama. No importa cuán grueso sea el tronco; si la rama no soporta el peso, se romperá.

 

Trajano ha vuelto triunfante de Dacia, y con él ha traído tesoros de cuantiosa fortuna. Para celebrarlo, tal y como Curio te dijo, ha anunciado los juegos más largos jamás celebrados en la historia de Roma. Miles de hombres y bestias pisarán la arena durante los más de tres meses que durará el espectáculo, y entre ellos se encuentran los gladiadores de tu ludus. Deberías estar de enhorabuena, celebrándolo junto a tus hombres en el gran banquete en que se encuentran y, sin embargo, no tienes apetito. Júpiter te contempla, impertérrito. ¿Será acaso miedo al fracaso? No sería la primera vez que has sido derrotado. Ha habido otros momentos más críticos para tu carrera de lanista, sobre todo en los comienzos, y sin embargo es ahora, cuando tu ludus es más fuerte, cuando flaqueas. ¿Es acaso una advertencia divina? La estatua parece ahora desafiante. El protector de Roma no ha mutado su gesto, pero aun así parece reírse de tu debilidad, y entonces una visión del pasado se apodera de ti. Te ves armado como un gladiador, igual que en los días de tu juventud, y un enemigo tras otro cayendo ante ti. Te ves sobreviviendo a cada combate, y recuerdas la incertidumbre. Aunque siempre te imaginabas victorioso antes incluso de saltar a la arena, una vez iniciado el juego mortal cualquier cosa podría ocurrir. Exactamente igual que ahora. Todo se reduce a un sólo combate: tú contra Roma ¿Por qué entonces no tenías miedo y ahora sí? ¿Qué había cambiado? Quizás la edad te ha hecho prudente, o quizás sea que ahora es cuando tienes algo que perder. Pero el desafío… tú contra Roma. Te hace sonreír. Hasta ahora Roma era un objetivo, la meta a alcanzar. Pero durante todo este tiempo tu fin último ha sido siempre conquistar la gloria, cosa que sólo en Roma podía hacerse. Pero, al fin y al cabo, ¿qué es la gloria? ¿Es realmente algo tan vago y esquivo lo que buscas? ¿O acaso sólo deseas acrecentar aún más tu fama?

 

La sala se llena con tus dudas y el aire se espesa. Entonces, un sacerdote tropieza y cae al suelo. Saliendo de tu ensimismamiento te apresuras a auxiliarlo. Mientras lo levantas, vuelves tu vista al dios, y entonces recuerdas que esa estatua no es la original, sino sólo un reemplazo. Recuerdas también que hubo un tiempo en que Roma ardió, y vuelves a mirar al viejo sacerdote. Sí, Roma puede tropezar. Roma puede caer. Cuando envejezca lo suficiente, hasta Roma sucumbirá ante el apetito insaciable de Cronos, igual que este viejo sacerdote, igual que los grandes emperadores y los pobres esclavos. Igual que tú.

 

La súbita revelación te sobrecoge. Lo mismo dan todos tus logros si estos no sobreviven al paso del tiempo. Por fin sabes que es lo que te inquieta. No has venido a Roma a conquistar la gloria. Tampoco la fama o la fortuna, pues ya son tuyas. Una nueva fuerza anima tus piernas, que te llevan de nuevo bajo el sol. Desde la colina Capitolina contemplas la ciudad. Hazla caer y conquistarás lo que has venido a buscar: la eternidad.

 

 

II

 

Desde tus aposentos contemplas los entrenamientos en tu ludus. La severa disciplina ha dejado paso a la alegría y la celebración y se escuchan más risas que choques de espadas.

 

Aunque su comportamiento está justificado, ha llegado el momento de recordarles quiénes son y lo que les espera. Ordenas a un auxiliar que haga formar a tus hombres y te reúnes con ellos en la palestra donde entrenan. En fila, aguardan tus palabras.

–Tenéis motivos para estar contentos. Los juegos de Trajano comenzarán muy pronto y vuestra fama crecerá como la espuma. Los comerciantes os pagarán para anunciar sus productos. Las mujeres os acosarán. No obstante, muchos de vosotros ya figuráis en mosaicos de Cartago y habéis probado de esas mieles. Otros protagonizáis escenas de lucha en pintadas por las calles de incontables ciudades del imperio. La efigie de unos pocos se representa en cerámicas desde las Galias hasta Mesopotamia. Incluso algunos de vosotros está ansioso por debutar. Os comprendo pero, ¿acaso creéis que todo eso tiene algún valor? Como sabéis, yo fui gladiador como vosotros. Uno de los grandes, dicen. Desde el principio os he tratado más como compañeros que como esclavos o asalariados. Vuestra lealtad ha sido mi premio, y es gracias a vosotros que hemos llegado hasta aquí. Sin embargo, no os confiéis. Esto no es más que el comienzo. Hasta ahora sólo hemos construido los cimientos de algo mucho más grande que aún está por construir. Algo que sólo puede crecer con vuestro esfuerzo y vuestra sangre. No lo olvidéis. Vuestro trabajo no es sólo luchar. Es dar espectáculo, es hacer levantarse al pueblo de sus asientos y arrebatarles el aliento y los aplausos. Vuestra victoria no es derrotar a vuestro adversario, sino conquistar el corazón del pueblo romano. Si lo hacéis, aunque perezcáis en el combate, podréis celebrar vuestra victoria desde los Campos Elíseos junto a los hermanos caídos. Ahora decidme, ¿quiénes sois?

–¡Somos gladiadores!

–Bien. Entonces, ¡demostradlo!

 

La fila se rompe y los gladiadores comienzan a recoger sus armas, pero uno de ellos se adelanta y te mira fijamente, con fuego en los ojos. De pronto se gira, encarándose a sus compañeros. Estos enseguida se yerguen, mirándote de nuevo. De pronto todos juntos, con una sola voz, exclaman al unísono:

¡Uri, vinciri, verberare, ferroque necari!

 

Sonríes.

 

 

Escenario

 

El momento ha llegado. Diez años de sudor y sangre, el esfuerzo de Macius, el apoyo de Aquilio, toda tu fortuna, tu fama, tu reputación… nada de eso valdrá nada si no eres capaz de conquistar al público del Coliseo. Adelante, la eternidad te espera.

 

Prepara la partida

•CASULA, CAUPONA (2X), COLOSSEUM, COMMEATUS (2X), FORUM (2X), LAPICIDINAE, MACELLUM (2X), THERMAE (2X)

•ACHAEUS, CRETENSIS, GALLUS (2X), HISPANUS, MACEDONICUS (2X), NUBA (2X), PHOENICIUS, THRAEX (2X), TIRO (ilimitados)

 

Jugador

•CASULA, MACELLUM

•TIRO (2X)

•3 MONEDAS

 

Rival

•CAUPONA, FORUM

•GALLUS, HISPANUS

•4 MONEDAS (3 de inicio + 1 del FORUM)

 

Notas

•Límite de edificios: 5

•En este escenario se utilizará el módulo de CAMPEONES. Cada jugador tendrá únicamente un campeón, que será cualquiera de sus gladiadores, independientemente de su capacidad de combate (normalmente solo pueden elegirse gladiadores de combate 3).

•Tu rival seleccionará como campeón a su mejor atacante al comienzo de cada turno, y atacará con él en primer lugar.

•La carta MUNERA TRAIANI estará activa durante todo el escenario, afectando a ambos jugadores.

•Antes de empezar este escenario, puedes comprar la carta de SATURNALIA pagando 2 TRIUNFOS. Te afectará únicamente a ti, durante todo el escenario.

•Retira del juego los gladiadores veteranos que licencies con tus THERMAE o con SATURNALIA. Estarán disponibles en el siguiente escenario.

 

Rival

•Construye el COLOSSEUM tan pronto como pueda.

•Si tiene menos de 5 edificios, entonces construye 1 edificio (que pueda construir) al azar.

•Si tiene 4 o más monedas, ataca (i) con su CAMPEÓN y (ii) con sus mejores veteranos (nunca con sus novatos).

•Si tiene menos de 4 monedas, consigue dinero con su mejor gladiador.

•Si tiene 3 o más monedas tras agotar sus gladiadores, inicia una compra.

 

Final de la Partida (7 PUNTOS)

•Ganas 2 TRIUNFOS por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido.

•Ganas 1 TRIUNFO por cada VETERANO que licencies durante el escenario.

•Ganas 1 TRIUNFO por cada 3 MONEDAS que tengas al finalizar el escenario.

•Pierdes 1 TRIUNFO por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido por tu rival.

 

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