Capítulo III

 

 

CAPÍTULO III: Dacia en guerra

 

 

I

 

Cerca de diez años han pasado ya desde que un joven Macius entró alborotado en tu domus anunciando el ascenso al poder del emperador Trajano y el principio de tu nueva carrera como lanista. Diez años de éxitos continuos y apenas fracasos. Algunos de tus mejores gladiadores ya se han retirado tras verse representados en jarrones y paredes de todo el imperio. Otros trabajan ahora como doctores entrenando a tus novatos. El dinero no cabe en tus arcas y eres respetado y aclamado allí por donde vas. Si quisieras podrías retirarte, rico y famoso como nunca hubieras sospechado. Sin embargo, aún no estás satisfecho. Desde un principio había sólo un propósito: conquistar al público de Roma de nuevo. Con el apoyo político de Aquilio el traslado de tu ludus a la capital está casi listo, pero con eso no es suficiente. Las todopoderosas ludus imperiales llevan nutriendo de gladiadores a los anfiteatros de Roma desde que el emperador Augusto las creara, hace más de un siglo. Temes que toda la reputación y fama del mundo no basten para hacerse un hueco entre ellas, pero por ahora sólo puedes centrarte en vuestro plan y esperar que todo salga bien. Tu mente debe estar ocupada en el único objetivo de fortalecer tu ludus con los mejores hombres que puedas conseguir antes de que otros lanistas rivales te los arrebaten. Con tal fin, y atendiendo a las últimas noticias traídas desde los confines del imperio, te encaminas hacia Dacia que, sacudida de nuevo por la guerra, esperas que se convierta en una valiosa fuente de formidables guerreros para tu ludus.

 

 

II

 

Tras un apacible pero largo y tedioso viaje, te encuentras en Viminacium, en la provincia de Moesia, en las fronteras del imperio con el reino de Dacia. Un pequeño grupo de hombres de confianza te acompaña a modo de guardia personal.

 

Hace dos años que Decébalo, rey de los dacios, atacó de nuevo Moesia rebelándose así contra su emperador. Trajano respondió con sus legiones. La guerra había vuelto a Dacia poco después de su sometimiento y con ella una oportunidad inmejorable de hacerte con los mejores guerreros posibles: prisioneros de guerra, fuertes y experimentados. El mercado bulle con la actividad de comerciantes y visitantes provenientes de muy diversas geografías, y mientras deambulas en busca de lo que necesitas un hombre de espesa barba gris y complexión menuda sale a tu encuentro:

–¿Pero qué ven mis ojos? Veo que has envejecido, ¿eh, Menes?

–¿Quién eres tú que me hablas con tanta familiaridad? ¿Acaso me conoces?

–Por supuesto que te conozco. ¿Quién no? Estás en todas partes. La cuestión es, ¿me conoces tú a mí?

–Poco me importa, y ahora aparta. Tengo negocios que hacer.

–Negocios, oh sí. Todos aquí tenemos negocios. Es lo bueno de las guerras. Ofrecen mercancía de gran valor. Mira todos esos prisioneros, ¿qué lanista en su sano juicio no querría llevarse a unos cuántos consigo?

–Entonces, ¿eres lanista también?

–Lo soy, y me ofende que no te acuerdes.

–No te recuerdo, pero aunque no quise ofenderte tampoco debo ninguna cortesía a quien no ha sido cortés conmigo. Déjate de rodeos y dime, ¿quién eres?

–Soy Curio. Tus hombres y los míos se enfrentaron en unos juegos en Augusta Emerita en honor a Trajano. Mis hombres perdieron, como es natural cuando el edil, editor de los juegos, favorece abiertamente a los hombres de mi rival.

–Recuerdo aquellos juegos, pero no te recuerdo a ti. Por cierto que mi ludus venció, pero fueron la habilidad y la disciplina las que marcaron la diferencia, no el favor de nadie.

–Piensa lo que quieras. En cualquier caso, pronto tendré mi revancha. Se dice que la guerra está a punto de acabar y que el emperador organizará unos juegos de tal calibre que ni todas las ludus imperiales juntas podrán aportar suficientes hombres al espectáculo.

–Eso se dice, y mi ludus estará preparada si el emperador me llama. Y ahora déjame en paz. Nos volveremos a ver en Roma, si la suerte nos acompaña a ambos.

–Creo que no me has entendido. Pienso tomarme mi revancha aquí y ahora. Acabo de hacerme con un valioso guerrero, un dacio superviviente de innumerables batallas. Veamos si la fama de tus gladiadores está bien merecida.

–En Roma será. Ahora tengo otras cosas qué hacer.

Te das la vuelta con intención de volver a tus asuntos pero Curio grita a la multitud que os rodea.

–¿Habéis visto? Este es Menes el Egipcio. Un cobarde que no osa enfrentarse a un pobre lanista provinciano como yo. ¿Será que su reputación sólo se mantiene con palabras y monedas? Si Marte lo mirase sentiría vergüenza.

 

 

Escenario

 

Normalmente no respondes ante tales provocaciones, pero esta vez es inevitable. El honor y la reputación de tu ludus se han puesto en entredicho delante de muchos otros lanistas y no puedes tolerarlo. Es más, ¡no piensas tolerarlo!

 

Ese Crupellarius, acorazado y armado con la temible falx dacia, la única arma que ha obligado a las legiones a modificar sus armaduras, será un rival duro de roer. Sin embargo, en esta ocasión podrás conseguir fácilmente gladiadores expertos en el combate. ¡Demuestra la fuerza de tu ludus!

 

Prepara la partida

•CASULA, CASTRA, CATACUMBAE, CAUPONA (2X), COMMEATUS, CUBICULUM, LAPICIDINAE, MACELLUM (2X), THERMAE

•ACHAEUS, AEGYPTIUS, CARTHAGINIENSIS, CRETENSIS, CRUPELLARIUS, LUSITANUS, MACEDONICUS (2X), NUBA (2X), PHOENICIUS, THRAEX (2X), TIRO (ilimitados)

 

Jugador

•CASULA, COMMEATUS

•TIRO (2X)

•3 MONEDAS

 

Rival

•CAUPONA, MACELLUM

•CRUPELLARIUS, TIRO

•3 MONEDAS

 

Notas

•Límite de edificios: 4

 

Rival

•Si tiene menos de 4 edificios, entonces construye 1 edificio (que pueda construir) al azar (excepto CATACUMBAE).

•Si tiene 3 o más monedas, ataca con sus mejores veteranos (nunca con sus novatos).

•Si tiene menos de 3 monedas, consigue dinero con su mejor gladiador.

•Si tiene 1 o más monedas tras agotar sus gladiadores, inicia una compra.

 

Final de la Partida (7 PUNTOS)

•Ganas 2 TRIUNFOS por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido.

•Ganas 2 TRIUNFOS si consigues descartar el CRUPELLARIUS de tu rival (retíralo del juego).

•Ganas 1 TRIUNFO si construyes el CASTRA.

•Pierdes 1 TRIUNFO por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido por tu rival.

 

 

 

 

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