Capítulo II

 

 

CAPÍTULO II: Colonia Julia Carthago

 

 

I

 

Tras el espectacular combate de tus gladiadores, la ciudad se rinde a tus pies. Nunca habían visto nada igual. En todas partes tú y tus hombres sois aclamados, pero bien sabes que Augusta Emerita sólo es una pequeña ciudad de una provincia lejana. Roma está ahora un poco más cerca, pero sólo un poco. Con los juegos organizados por el edil terminados, es momento de seguir con lo planeado. Macius sabe que otras ciudades de Hispania celebrarán juegos en honor del nuevo emperador Trajano, y en todas ellas habrás de hacer sonar las voces de sus habitantes como un eco de los de Emerita. Todos los caminos llevan a Roma, pero el tuyo no será ni mucho menos una línea recta. Primero: conquistar la fama. La fama es la llave las puertas de Roma y Roma, la antesala de la Gloria.

 

Tu domus ha sido un buen hogar durante muchos años, pero ahora es el momento de mirar adelante y venderla. El dinero será necesario para mantener a tu familia gladiatoria durante estos primeros y arduos momentos. El calendario es apretado y hay que partir cuanto antes. No sólo te esperan sanguinarios combates a muerte. Demostraciones de fuerza y luchas con espadas sin filo, donde la espectacularidad y la teatralidad son protagonistas, te reportarán pingües beneficios sin poner en peligro a tus hombres y son una buena forma de hacerte notar.

 

Cosechando victorias, engordando el bolsillo y creciendo tu popularidad, más de un año se prolonga tu particular viaje. Has perdido algunos hombres por el camino, es cierto. Unos cayeron en la arena. Otros, los más afortunados, se fueron tras pagar sus deudas a vivir presumiblemente una vida tranquila. Sin embargo, muchos otros se han unido a tu ludus atraídos por la promesa de una vida de arriesgada y lucrativa aventura. Macius se adelanta siempre a tu llegada, cerrando acuerdos, preparando tu estancia y trabajando siempre incansable en pro de tu causa. Corduba, Hispalis, Gades y Carteia ponen fin a tu extensa vuelta por las Hispanias. Toda una península postrada ante un sólo nombre: Menes el Egipcio.

 

Estás satisfecho y rebosante de alegría. Pareciera que los dioses gustasen de tu empresa, pero no te dejas engañar, pues es bien sabido que la fama es desleal: mientras está contigo embelesa tus sentidos y vuelve a las voluntades hacia ti, pero basta un mal viento para que te abandone y, con ella, todo lo que había traído consigo. No, no se puede construir nada perdurable con algo tan volátil.

 

Resuelto, cruzas el estrecho hacia tierras africanas en pos de una nueva etapa en tu viaje hacia Roma. Con un brillo en la mirada y una sonrisa en tus labios, un nombre brilla en tu mente: Cartago.

 

 

II

 

Cruzadas las dos Mauritanias y, tras un penoso viaje, te adentras al fin en el África Proconsular. Allí aguarda Cartago, aquella que, orgullosa, se atrevió a disputarse el Marenostrum con la floreciente República de Roma y que, durante siglos, fue sometida a la prisión del polvo y el olvido. Renacida de sus cenizas por mandato del emperador Augusto, grande entre los grandes, ha crecido hasta recuperar el esplendor de antaño. En los extensos territorios que abarca la renombrada Colonia Julia Carthago medran señores y vulgo por igual. Su riqueza e influencia en el Imperio sólo son segundas a las de la mismísima Roma.

 

Tras cuatro años de vagabundeo en los que la fama, pero también la incertidumbre y el cansancio han sido tus compañeros, ha llegado el momento de asentarte por un tiempo. Retomar fuerzas, prosperar, fortalecer tu ludus y tomar para ti parte de la influencia de la que hace gala la ciudad son por ahora tus objetivos. Desde tu nuevo hogar harás que tanto mercantes como gente de poder lleven tu nombre a Roma, tu destino final, y que aquellos a los que una vez quitaste el aliento con tus hazañas sepan que volverás de nuevo a su Coliseo.

 

Desde los días en Hispania no habías vuelto a tener un recibimiento tan notable como ahora. Frente a ti y tus hombres, a las puertas de la ciudad, se despliega una comitiva que te recibe con música y gran expectación. De entre la muchedumbre se adelanta un hombre de aspecto joven pero de noble cuna, a juzgar por la riqueza del vestir y por su compañía.

–Menes el Egipcio y su familia, sed bienvenidos. Hace tiempo que esperamos impacientes vuestra visita. Permitidme que me presente. Mi nombre es Tito Aquilio Barca, aspirante a edil de Cartago y, si accedéis, también vuestro anfitrión. Haced el favor de acompañadme a mi villa donde Macius Menes Maelo os aguarda y donde podremos hablar con más tranquilidad. Sus hombres son también invitados, por supuesto.

–Así sea, conducidnos pues.

En compañía de Aquilio recorres las hermosas calles de la ciudad, tratando de familiarizarte con la anatomía del que será, por ahora, tu hogar. Su tamaño y grandiosidad te evocan recuerdos de una juventud ya lejana.

Su villa no tiene nada que ver con la que fue tu domus en Augusta Emerita. A las afueras de la ciudad, domina un vasto terreno que abarca hasta donde alcanza la vista. Allí tus hombres son rápidamente atendidos por una miríada de sirvientes y enseguida te quedas a solas con tu anfitrión.

–Tanta atención me adula y al mismo tiempo me sobrecoge. Estoy agradecido pero, ¿a qué se debe este recibimiento?

–Permitidme, señor, ahora que nos encontramos a solas, que me relaje en mis formas, pues sobran entre amigos las pompas y el protocolo.

–¿Amigos, decís?

–Amigos, aunque tal vez no en el sentido común de la palabra. Veo que aún no me reconocéis, pero yo os conozco desde que tengo uso de razón, y si escucháis mi historia tal vez eso os de una pista de quién os habla. Aunque nací en Roma, mi estirpe tiene sus raíces en esta misma ciudad, y entre mis parientes se dice que la propia sangre de Anibal Barca, terror de Roma, corre por nuestras venas.

–¿Sóis pues descendiente de Anibal?

–Por línea materna, si se ha de a hacer oídos a tales dichos. El caso es que desde que era pequeño fui admirador incondicional de esos guerreros que se juegan la vida en los anfiteatros. Su agilidad y su destreza me resultaban fascinantes, y entre todos ellos uno llamaba mi atención más que ningún otro: Menes el Egipcio. Fue por vos que, armado sólo con mi supuesto linaje y mi juventud, entre a formar parte de la Ludus Magnus de Roma.

En poco tiempo me convertí en un formidable gladiador. Más rápido que ningún otro, resistente y atrevido. Sin embargo, la fama no me encontraba. Pero un día, hace ahora casi quince años, un sólo combate lo cambió todo.

–No me digáis…

–Así es. Ese día me enfrente a mi ídolo. Di lo mejor de mí, pero no fue suficiente. Menes el Egipcio me derrotó en un combate que aún se recuerda en Roma.

Se hace el silencio. Lo miras intensamente y de pronto te abalanzas contra él en un amistoso abrazo. Aquilio, sorprendido, no acierta más que a devolverte el abrazo.

–¡Tenéis razón en llamarme amigo!–exclamas– Por vos comprendí que había llegado el momento de ceder el testigo a sangre nueva, a gente de talento como tú. Y por si fuera poco, me hicisteis un generoso regalo. Puedo ahora confesar que cuando os vi levantaros después de mi última arremetida perdí toda esperanza de hacerme con la victoria. Allí había puesto toda la fuerza que me quedaba y, agotado, estuve a punto de hacer señal de rendirme. Pero para mi sorpresa, vos os rendisteis primero. Me regalasteis mi última victoria y mi libertad con ella. Estaré eternamente en deuda con vos.

–Por favor, no tenéis que agradecerme más de lo que yo debo agradeceros a vos. Después de aquello me volví tremendamente famoso. En un suspiro había reunido una considerable fortuna y pude retirarme a esta bella ciudad y comprar estas tierras. Hacer crecer mi hacienda y mi reputación fue mera cuestión de tiempo, y ahora soy uno de los principales de esta ciudad, lo que me lleva al asunto que queremos tratar. –Se dirige a un sirviente– Haz pasar a Macius.

Momentos después, Macius entra en la sala y te dirige una sonrisa cómplice. Mientras, tú esperas con expectación una nueva sorpresa.

–Ahora que sabéis quién soy y que ya estamos todos, podemos hablar del negocio que os ha traído hasta aquí. Al igual que vos, mi mirada está fija en Roma. Pero ambos sabemos que no es sencillo llegar allí, y sobrevivir. Así, aunque con objetivos diferentes, compartimos un destino común y, por tanto, opino que obraría en beneficio de ambos colaborar estrechamente a partir de este momento.

–Proseguid, por favor.

–Estoy dispuesto a proveeros de todo lo que necesitéis para asentaros aquí, en Cartago. Tierras donde estableceros, personal para vuestra ludus… sólo nombradlo y os lo proporcionaré.

–¿Y a cambio?

–Sencillo: permaneced conmigo. Que vuestro nombre y el mío se mencionen uno al lado del otro y cada combate ganado nos acerque a ambos a nuestra meta.

–Así sea. ¿Has oído, hijo? No seas modesto, sospecho que buena parte de este acuerdo es fruto de tu trabajo.

–Escuchad, hay más. Como podéis imaginar no hay poder verdadero que perdure sin el apoyo del pueblo y el pueblo demanda entretenimiento, así que planeo organizar unos juegos de tal calado que eclipsen cualquier otro jamás acontecido fuera de las puertas de Roma. Y el plato fuerte, los imparables gladiadores de Menes el Egipcio. ¿Qué decís a eso?

–Digo que la ciudad de Cartago está a punto de contemplar un espectáculo que quedará para siempre grabado en su memoria.

 

 

Escenario

 

El tiempo pasa más rápido de lo que esperas y el comienzo de los juegos es inminente. Tu recién estrenada ludus es perfecta para tus necesidades y las de tus gladiadores. Tres doctores reclutados por Aquilio te asisten ahora en el entrenamiento de tus hombres y los cuidados de Diocles, un médico griego de reconocido prestigio, los mantiene en plena forma. No obstante, no te confías. La gestión de tus edificios será crucial en esta ocasión. Lejos queda el día del debut de tus gladiadores en Augusta Emerita y esta vez el rival será aún más duro, pero sabes que siempre puedes utilizar los TRIUNFOS obtenidas en combates anteriores para estar mejor preparado.

 

Prepara la partida

•AQUAEDUCTUS, CASULA, CATACUMBAE, CAUPONA (2X), CUBICULUM, FORUM, LAPICIDINAE (2X), PORTUS, SENATUS, TEMPLUM, THERMAE

•ACHAEUS (2X), AEGYPTIUS (2X), CARTHAGINIENSIS, CRETENSIS, EQUES, ESSEDARIUS, MAURUS, LUSITANUS, SAGITTARIUS, TIRO (ilimitados)

 

Jugador

•CASULA, FORUM

•TIRO (2X)

•4 MONEDAS (3 de inicio + 1 del FORUM)

 

Rival

•CATACUMBAE, CAUPONA

•AEGYPTIUS, CARTHAGINIENSIS

•3 MONEDAS

 

Notas

•Límite de edificios: 4

 

Rival

•Construye el AQUAEDUCTUS, PORTUS, TEMPLUM tan pronto como pueda (en este orden).

•Si tiene menos de 4 edificios, entonces construye 1 edificio (que pueda construir) al azar.

•Si tiene CATACUMBAE:

-Si tiene 2 o más monedas, ataca (i) con sus novatos y (ii) con sus mejores veteranos.

-Si tiene menos de 2 monedas, consigue dinero con su mejor gladiador.

•Si no tiene la CATACUMBAE:

-Si tiene 3 o más monedas, ataca con sus mejores veteranos (nunca con sus novatos).

-Si tiene menos de 3 monedas, consigue dinero con su mejor gladiador.

•Si tiene 1 o más monedas tras agotar sus gladiadores, inicia una compra.

 

Final de la Partida (7 PUNTOS)

•Ganas 2 TRIUNFOS por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido.

•Ganas 1 TRIUNFO si construyes el AQUAEDUCTUS.

•Ganas 1 TRIUNFO si construyes el PORTUS.

•Ganas 1 TRIUNFO si construyes el TEMPLUM.

•Ganas 1 TRIUNFO por cada LAPICIDINAE que utilices en el escenario.

•Pierdes 1 TRIUNFO por cada PUNTO DE VICTORIA conseguido por tu rival.

 

 

 

©2015 TortuGames. Todos los derechos reservados.