Cuidados

Cuidados

 

 

No todo en la vida de un gladiador era combatir o entrenarse. Si bien la mayoría de estos gladiadores eran esclavos, prisioneros de guerra o delincuentes condenados, una vez convertidos en gladiadores no eran tratados tan duramente como cabría esperar. Eran trabajadores de una ludus, y por tanto los lanistas hacían bien en asegurar la salud de su fuente de ingresos. Más allá de los duros entrenamientos y las condiciones de vida espartanas, los gladiadores solían disfrutar de una de las partes menos conocidas de una ludus: las termas.

 

En estas estancias los gladiadores tomaban relajantes baños en los que alternaban agua fría y caliente y recibían masajes para descansar sus músculos. Y como importantes inversiones que eran, los cuidados que un lanista procuraba a sus gladiadores no se detenían ahí. También disponían de un servicio médico con los mejores profesionales que se encargaban al momento de cualquier dolencia que les afectara, desde una simple indigestión hasta heridas que, sin el cuidado apropiado, hubieran sido mortales. Pocos entre los ciudadanos de Roma tenían acceso a tales cuidados.

 

Por último, era frecuente que, en las vísperas de un combate importante, un gladiador afamado fuera cubierto de atenciones. Entre otras cosas, se le ofrecía toda la comida y compañía que desease, de forma que si había de morir luchando… al menos moriría satisfecho.

 

 

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